Hoy toca ordenar armario, no soporto doblar y arreglar la locura que hay en este ropero, así que respiro profundamente y me sumerjo entre blusas, pantalones etc.… justo ahí, debajo de una pila de ropa que nunca me pongo hay un pedazo de mi vida en forma de suéter azul.
Lo tomo con cuidado como si fuera a desaparecer, me lo acerco a la cara… Un tenue aroma que esta tejido entre sus hebras me traslada en el tiempo, envolverme en el, es sentir sus brazos…
Acariciándolo siento que conserva la suavidad de la noche mediterránea, allí donde junto a un mar tranquilo tachonado de estrellas caminábamos en silencio, no porque no tuviéramos nada que decir, sino porque las pobres palabras no podían expresar lo que decían nuestros ojos, nuestras manos y la cadencia de nuestros cuerpos caminando abrazados. El rumor del mar acunaba nuestros pensamientos, la brisa nocturna que me estremece y entonces él, pone sobre mis hombros su suéter y me abraza…
Me digo a mi misma que no puedo seguir pensando en esto, tengo que deshacerme de este suéter, que siempre aparece en mi armario. Ha pasado tiempo desde aquella historia y no puedo quedarme colgada de ella siempre que cambia la estación y ordeno la ropa, pero algo dentro de mí , muy intimo se resiste y es que su tacto vuelve a decirme cuanto le quise y me reprocha lo que calle, lo que nunca le dije…
Mi hija entrando como un ciclón rompe el hilo de mis pensamientos
--- ¡Mama! Te has olvidado que hoy es la función, necesito algo azul que haga juego con lo que llevo. Este suéter que tienes en la mano puede servir, hace juego con mis ojos.
---No cariño elige otra prenda, la que quieras.
Pienso que este viejo suéter debe seguir en el armario precisamente por eso porque es viejo y hace juego con tus ojos…
Lo doblo y guardo mientras recuerdo aquella noche que también pensé que hacia juego con sus ojos.



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