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viernes, 22 de mayo de 2009

Esperpento

En la penumbra del frio banco el reflejo de la farola situada en la esquina de enfrente ilumina su vida que ve pasar reflejada en el cristal de una botella que sujeta en su mano izquierda, bebe de ella y para que nadie la vea la guarda en una bolsa de papel. Tocada con un sombrero pasado de moda es alta, flaca, desgarbada y se sienta cada noche en ese banco, apura su licor y espera a ver si es esta la noche en que el tren de su vida llega por fin a la última estación.
Bajo la farola dos mujeres la observan.
---Siempre se sienta en ese banco.
--- No hables de ella, no la conoces, acabas de llegar y no sabes nada.
---Se que aquí puedo hacer buena noche y ese esperpento me espanta la clientela.
---No sabes quién es ni su historia, ahora te crees con derecho a opinar, cuando tengas otra edad veras las cosas de otro modo.
---Pues que haces aquí si no estás conforme con este trabajo, vete y dedícate a otra cosa, pues que noche me estáis dando entre tú y el esperpento…
---No la llames así, no tienes derecho por ser joven y bonita.
--- ¿Tu la conoces?
---Todo el barrio la conoce, pertenece aquí como la esquina, como la farola. Ha sido una mujer hermosa, los hombres han enloquecido por ella.
---No me hagas reír, los hombres no enloquecen por una prostituta.
---Pasan el rato nada más. Yo no me hare vieja en esto solo quiero hacer un poco de dinero para irme y establecerme, vamos a poner un negocio mi hombre y yo.
---Un negocio…es bueno tener ilusión.
Un hombre se acerca andando por la acera llega a la altura de las dos mujeres y sin mirarlas sigue adelante.
---Si no estuviera ahí, ese habría parado.
---No le eches la culpa a ella, ni te ha mirado al pasar no se habría parado de igual modo.
La mujer del banco mira hacia ellas como si hubiera escuchado lo que dicen, se levanta alisando su falda y echa a andar sobre sus tacones guardando precariamente el equilibrio.
---Por fin se ha ido, ¿tú crees que llegara a donde quiera que vaya sin caerse?
Queda con la respuesta en la boca porque ha parado un coche y la joven sube y se aleja.
Queda sola en la calle bajo esa farola que ha alumbrado muchas noches de su vida saca de su bolso una botella, interrumpe el gesto de llevársela a la boca y echa a andar pensando en cuanto tiempo le queda de vagar en la noche buscando la vida antes de que alguien se refiera a ella llamándola esperpento.

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