Esa madrugada Álvaro está encerrado en su despacho tratando de terminar el trabajo que ha traído de la oficina, la casa está en silencio hace mucho, los niños duermen y su mujer cansada de ver cerrada la puerta del despacho también se ha retirado.
Se oye un leve roce en la puerta… Álvaro piensa en tomar una taza de café y pedir disculpas a su mujer, se levanta y abre la puerta del despacho una figura de pálido rostro y de sexo indefinido está de pie en el umbral, mirándole fijamente.
Queda petrificado, no puede ser que esté en su casa y precisamente en la puerta de su despacho mirándole de frente.
Mira sin querer la profundidad de esos ojos en la pálida cara y como un autómata le sigue. Oye el chasquido de la puerta al cerrarse y el resto de su casa no está, en su lugar está el andén de una estación y un tren antiguo soltando vapor, suben a él la muerte abre la puerta de un compartimento y le invita a sentarse, Álvaro siente que entra en la dimensión desconocida y su incertidumbre aumenta cuando poniendo delante del un tablero de ajedrez la muerte dice:
---- ¡Juguemos para “matar” el tiempo!
A través de la niebla irreal de un tiempo muerto, corre ese tren, en las ventanas esta la nada, curiosamente no hay el traqueteo que se asocia a un tren de esas características, Álvaro está visiblemente alterado… la muerte cómodamente sentada frente a él, empieza la partida…
La velocidad del tren atravesando la noche va en aumento. La mente de Álvaro discurre casi a la misma velocidad no sabe porque está aquí ( todavía tiene que terminar el balance) y mucho menos porque ha seguido sin rechistar a la muerte ,siente que en esta partida de ajedrez se juega algo intangible pero importante , mueve el caballo y se da cuenta que va ganando, su contrincante juega en silencio, Álvaro fijando su mirada en la cuadricula del tablero empieza a pensar en su familia , por su cabeza pasan a toda velocidad escenas en las que siempre antepuso su trabajo a todo, la percepción de la luz es el todo y para él es tarde, su vida se le ha escapado de las manos tan deprisa como ese silencioso tren. Podía haber dicho… y también pudo hacer…
Ya no es tiempo, tiempo lo que siempre le faltó. Ahora como alguien que entrega lo más preciado del mundo y queda vacio mueve una figura diciendo con voz apagada, “jaque mate” cierra los ojos para no ver la expresión de su contrincante.
Siente un agudo dolor en el pecho y trata de abrir la puerta del compartimento tiene que salir del tren…
Asustado abre los ojos, esta sujetando fuertemente la manilla de la puerta de su despacho cuando cae al suelo con los ojos abiertos y el corazón parado.



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