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martes, 31 de marzo de 2009

El Regreso




Cuando paseo salgo de Plassans por la puerta de Roma, situada al sur de la ciudad, veo a la derecha de la carretera de Niza, después de haber dejado las primeras casas del arrabal, un baldío designado en la región con el nombre de ejido de San Mittre todavía esta ahi.
El ejido de San Mittre es un cuadrilátero de cierta extensión, que se alarga a ras del borde de la carretera, del que lo separa una simple franja de hierba gastada. Por un costado, a la derecha, una callejuela sin salida lo bordea con una hilera de casuchas; a la izquierda y al fondo, lo cierran dos lienzos de muralla roídos por el musgo donde trepaba de niño, por encima de los cuales se divisan las altas ramas de las moreras del Jas-Meiffren, la finca de nuestra familia, que tiene su entrada más lejos, en el arrabal. Así cerrado por tres lados, el ejido es como una plaza que no lleva a ninguna parte y que hoy sólo cruzan los paseantes. Antiguamente había allí un cementerio .

Al pisarlo de nuevo vuelvo atrás en el tiempo y pienso que una de las curiosidades de este campo son unos perales de brazos retorcidos, de nudos monstruosos, cuyos frutos enormes jamás cogería ningún ama de casa de Plassans. En la ciudad se habla de la fruta con muecas de asco; pero los chiquillos del arrabal no tenemos esas delicadezas, y escalamos los muros en pandilla, por la tarde, con el crepúsculo, para robar las peras antes aún de que estén del todo maduras, sobre el muro, al sol ahítos de fruta vimos llegar a los soldados por la carretera. Sabemos de la guerra pero eso es por la frontera y es en Paris donde están preocupados por ella, y pero ahora los soldados están aquí en nuestra pequeña ciudad, corrí cuanto pude para ir a casa tenía que decírselo a mi padre que apenas salía de casa del abuelo desde que volvimos hace casi un año de Paris.
Entre por la puerta de atrás y quede paralizado por el sonido de unos golpes que provenían de arriba, me quede escondido entre la alacena y la escalera y vi bajar a mi padre empujado por un policía que lo saco a empellones de la casa, Salí por donde había entrado y vi un camión donde subieron a mi padre, allí estaba también mi abuelo y otros refugiados vecinos nuestros, ¿porque la policía se llevaba a mi familia? ¿ qué estaba pasando? escondiéndome de ellos seguí al camión que despacio se encamino de nuevo al ejido, una vez allí los soldados se hicieron cargo de las personas que transportaba y se marcho de nuevo, para volver más tarde cargado de mas gente. Escuche disparos tras el muro y los perales, estaba muerto de miedo y sin saber que hacer me escondí en la casa y desde allí pude ver igual que todos los demás, como durante dos días el camión cruzaba Plassans hacia el cementerio nuevo, con los cuerpos acribillados de los refugiados y los cuerpos de la gente que les había dado cobijo.
Nada de ceremonias religiosas: un acarreo lento y brutal. Jamás una ciudad se sintió más aquedada.
Durante varios años el terreno del viejo cementerio de San Mittre siguió siendo
motivo de espanto. Abierto al primero que llegase, al borde de la carretera
principal.
Han pasado muchos años de aquello, he vuelto para poner en venta la finca familiar y no he podido evitar un paseo por los alrededores.
Lo cierto es que la ciudad conservó ese terreno ,ni siquiera lo rodeó con una empalizada; entró quien quiso. Y, poco a poco, con ayuda de los años, se acostumbraron a aquel rincón vacío; se sentaron en la hierba de los bordes, cruzaron el camino, lo poblaron. Cuando los pies de los paseantes gastaron la alfombra de hierba, y la tierra batida se volvió gris y dura, el viejo cementerio tuvo cierto parecido con una plaza pública mal nivelada. Para borrar mejor todo recuerdo repugnante, los habitantes, sin darse cuenta, se vieron inducidos lentamente a cambiar la denominación del terreno; se contentaron con conservar el nombre del santo, con el cual bautizaron también el callejón sin salida que se abre en un rincón del campo; hubo un ejido de San Mittre y un callejón de San Mitrre.
Estos hechos datan de lejos. Desde hace más de treinta años, el ejido de San Mittre tiene una fisionomía particular. La ciudad, demasiado indiferente o dormida para sacarle partido, lo ha alquilado, por una pequeña suma, a unos carreteros del arrabal, que lo han convertido en depósito de maderas. Todavía hoy está atestado de enormes vigas, de diez a quince metros de largo, yaciendo aquí y allá, en montones, semejantes a haces de columnas derribadas al suelo.
Lo que ha acabado de imprimir a ese rincón perdido un extraño carácter es que, por costumbre tradicional, los gitanos que van de paso lo eligen como domicilio. En cuanto una de esas casas rodantes, que encierra una tribu entera, llega a Plassans, hoy puedo volver a verlos, esa gente vive al aire libre, sin avergonzarse.

El campo muerto y desierto, se ha convertido así en un lugar bullidor, lleno del ruido de las disputas de los gitanos
En esa vereda, cuyos muros están tapizados de musgo y cuyo suelo parece
cubierto de una alfombra de alta lana, reinan aún la vegetación exuberante y el
silencio estremecido del viejo cementerio. Se sienten correr por ella esos soplos cálidos y vagos de la voluptuosidad de la muerte que salen de las viejas tumbas.
Nadie, por lo demás, piensa ya en los muertos, solo los viejos, calentándose al sol poniente, hablan a veces entre sí de los cuerpos que vieron acarrear antaño por las calles de Plassans.
Debo volver a casa porque cuando cae la noche el ejido de San Mittre se vacía, se vuelve profundo, semejante a un gran agujero negro. Al fondo, sólo se vislumbra ya el resplandor agonizante de la hoguera de los gitanos. A veces, unas sombras desaparecen silenciosas entre la espesa masa de tinieblas. Sobre todo en invierno, el lugar resulta siniestro.

viernes, 27 de marzo de 2009

La Cena



Esta noche a la hora de cenar en una cadena de televisión un reportaje como tantos otros de gente que muere de hambre, porque esos reportajes los guardan para esa hora, para que nos sintamos agradecidos de haber nacido y vivir en un país del primer mundo. (Me disculparan pero me repatea lo de primer mundo y tercer mundo, ¿Dónde está el segundo?) Y me pregunto a quien se le habrán ocurrido esas “afortunadas” denominaciones.
Pues viendo ese reportaje deje a un lado mi cena y tome este papel porque creo que eso podría solucionarse, en África hay tierra con agua para sembrar y la gente se muere de hambre.
Alguien me dirá que allí las plagas se comen las cosechas, cierto se comen las cosechas convencionales, pero ¿Qué pasa con los alimentos transgénicos? Esos no se los comen las plagas, y no necesitan pesticidas.
Hay muchos intereses creados para que no se usen ese tipo de semillas porque eso terminaría con el hambre de muchos y el poder y enriquecimiento de unos pocos. Nadie ha demostrado de verdad con pruebas que esos alimentos sean perjudiciales para el ser humano, ¿entonces qué? Seguimos esperando y dejando morir gente, pero claro hay por ahí petróleo, gas, diamantes y no sé cuantas cosas más que si esa gente tuviera comida no saldrían tan baratos, ¿hasta cuándo?
Cuando era niña me decían que había que recoger dinero el día del Domund por que los negritos pasaban hambre, hoy nada ha cambiado los sigo viendo morir porque a los gobiernos del primer mundo les encanta hacer cumbres contra el hambre mandarles unas cuantas monedas en forma de ayuda y mucho ruido para que se sepa que se preocupan pero no dicen que también les mandan armas por la puerta trasera para desestabilizar lo poco que haya estable y seguir teniendo la sartén por el mango , ellos sabrán porque.
Personalmente no estoy de acuerdo pero solo me queda la pataleta, porque miro a mí alrededor y la gente que elige esos gobiernos está lamentablemente acostumbrada a que los negritos pasen hambre.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Nada para mi


Si quieres saber de donde vengo
si quieres saber por que me fui,
si quieres saber que es lo que siento
no te olvides de mi.
Si puedes perder solo un momento
para preguntar si fui feliz,
si necesito tu recuerdo
o si me he olvidado ya de ti.
Ya ves sigo estando aquí
no puedo oírte, no hay nada que decir,
yo siempre estaré aquí esperando por ti,
y no hay nada para mi.
Si quieres saber por que me quedo
si quieres saber por que seguí,
ya debes saber que espero
a que tu camino pase por aquí.

martes, 24 de marzo de 2009

Ruptura



Camino despacio, mis pies como si tuvieran vida propia se niegan a ir más deprisa ,a lo lejos veo la nube grande y gris que se acerca se diría que quiere venir a mi lado, pero llega tarde porque lo que me acompaña es la fría llovizna que moja mi cara, el olor a tierra mojada y el frio de la tarde que poco a poco va calando mis huesos, subo el cuello del abrigo, no sé donde olvide la bufanda , pero eso no importa ahora .A medida que me acerco al viejo puente mi mente evoca el olor de salitre y mar embravecido que siempre impregna su piel cuando me abraza, ahora este lugar testigo de tantos encuentros desde que nos conocimos, no me parece precioso no es igual ,no siento mariposas en el estomago , cuando le veo siento frio en el lugar donde deberían estar las mariposas. Por más que repite que me quiere a mi me produce una cierta desazón, tenemos que hablar de eso, tengo que decirle… ¿Qué? Si cuando se acerca siento un nudo en la garganta.
El silbido del tren a lo lejos hace que mire hacia el puente está de pie esperándome y viene hacia mí. Me abraza una vez más, lleva barba de dos días por lo menos ,no se ha duchado y puedo sentir un nuevo olor el de humo, tabaco y ropa sudada igual que un vagón de metro repleto de gente, intento deshacer el abrazo y pone mi bufanda alrededor de mi cuello, tiemblo inevitablemente ,el sudor corre por mi espalda y mi corazón se desboca mientras sujeta la bufanda con la mano, se acerca para besarme , y es miedo lo que siento junto a él, me levanta del suelo como si fuera una niña pequeña y por encima del pretil del viejo puente, voy al encuentro del cercanías de las seis

domingo, 15 de marzo de 2009

La Valla

Decían los mayores que estaba en el cielo con Dios y yo estaba enfadada con ese dios que no debía ser el mismo al que rezaba por las noches porque me había quitado a mi mama por su culpa ahora no la veía nunca, no podía sentir sus manos trenzando mi pelo, ajustando la ropa, abrochando el jersey, revisando y colgando de mi espalda la cartera para ir al colegio.
Cada mañana siento frio porque nadie me ha dado un beso al salir de casa, se me pasa cuando estoy junto a esa valla. Hay muchas plantas y flores pero solo una es muy especial, su olor es igual que el de mama cuando se acercaba a despertarme por las mañanas, a la vuelta del colegio cuando me abrazaba contenta y su pelo me hacia cosquillas quiero oler esta flor porque es como volver a estar con ella. La valla tiene dos travesaños que me servirán de escalera, podre subir para tocarla, acariciar la solitaria flor, sentir en mi cara su tacto, aspirar el olor que parece suyo y es un poco como estar con ella cada mañana, cuando paso junto a esa valla para ir al colegio.
Dejo la cartera en el suelo junto a las cartulinas de colores para el trabajo manual, subo sobre el primer travesaño de la valla y todavía no alcanzo, me pongo de pie sobre el segundo y ahí está puedo tocarla, es tan cálida como su mejilla percibo el mismo olor que tenía su cuello cuando me llevaba abrazada a su espalda para dormir…
Siento un fuerte golpe cuando pierdo el equilibrio y caigo de espaldas, miro hacia la valla y la flor está rota solo quedan dos pétalos que caen despacio como flotando sobre la cartera y mis ojos se llenan de amargas lagrimas al ver en mi mano el resto de la flor aplastada.

jueves, 5 de marzo de 2009

Carta a un Maltratador

Para ti, cabrón: Porque lo eres, porque la has humillado, porque la has menospreciado, porque la has golpeado, abofeteado, escupido, insultado… porque la has maltratado. ¿Por qué la maltratas? Dices que es su culpa, ¿verdad? Que es ella la que te saca de tus casillas, siempre contradiciendo y exigiendo dinero para cosas innecesarias o que detestas: detergente, bayetas, verduras… Es entonces, en medio de una discusión cuando tú, con tu 'método de disciplina' intentas educarla, para que aprenda. Encima lloriquea, si además vive de tu sueldo y tiene tanta suerte contigo, un hombre de ideas claras, respetable. ¿De qué se queja?
Te lo diré: Se queja porque no vive, porque vive, pero muerta. Haces que se sienta fea, bruta, inferior, torpe… La acobardas, la empujas, le das patadas…, patadas que yo también sufría.
Hasta aquel último día. Eran las once de la mañana y mamá estaba sentada en el sofá, la mirada dispersa, la cara pálida, con ojeras. No había dormido en toda la noche, como otras muchas, por miedo a que llegaras, por pánico a que aparecieses y te apeteciera follarla (hacer el amor dirías) o darle una paliza con la que solías esconder la impotencia de tu borrachera. Ella seguía guapa a pesar de todo y yo me había quedado tranquilo y confortable con mis piernecitas dobladas. Ya había hecho la casa, fregado el suelo y planchado tu ropa. De repente, suena la cerradura, su mirada se dirige hacia la puerta y apareces tú: la camisa por fuera, sin corbata y ebrio. Como tantas veces. Mamá temblaba. Yo también. Ocurría casi cada día, pero no nos acostumbrábamos. En ocasiones ella se había preguntado: ¿y si hoy se le va la mano y me mata? La pobre creía que tenía que aguantar, en el fondo pensaba en parte era culpa suya, que tú eras bueno, le dabas un hogar y una vida y en cambio ella no conseguía hacer siempre bien lo que tú querías. Yo intentaba que ella viera cómo eres en realidad. Se lo explicaba porque quería huir de allí, irnos los dos…Mas, desafortunadamente, no conseguí hacerme entender.
Te acercaste y sudabas, todavía tenías ganas de fiesta. Mamá dijo que no era el momento ni la situación, suplicó que te acostases, estarías cansado. Pero tu realidad era otra. Crees que siempre puedes hacer lo que quieres. La forzaste, le agarraste las muñecas, la empujaste y la empotraste contra la pared. Como siempre, al final ella terminaba cediendo. Yo, a mi manera gritaba, decía: mamá no, no lo permitas. De repente me oyó. ¡Esta vez sí que no!–dijo para adentro-, sujetó tus manos, te propinó un buen codazo y logró escapar. Recuerdo cómo cambió tu cara en ese momento. Sorprendido, confuso, claro, porque ella jamás se había negado a nada.
Me puse contento antes de tiempo.
Porque tú no lo ibas a consentir. Era necesario el castigo para educarla. Cuando una mujer hace algo mal hay que enseñarla. Y lo que funciona mejor es la fuerza: puñetazo por la boca y patada por la barriga una y otra vez…
Y sucedió.
Mamá empezó a sangrar. Con cada golpe, yo tropezaba contra sus paredes. Agarraba su útero con mis manitas tan pequeñas todavía porque quería vivir. Salía la sangre y yo me debilitaba. Me dolía todo y me dolía también el cuerpo de mamá. Creo que sufrí alguna rotura mientras ella caía desmayada en un charco de sangre.
Por ti nunca llegué a nacer. Nunca pude pronunciar la palabra mamá. Maltrataste a mi madre y me asesinaste a mí.
Y ahora me dirijo a tí. Esta carta es para tí, cabrón: por ella, por la que debió ser mi madre y nunca tuvo un hijo. También por mí que sólo fui un feto a quien negaste el derecho a la vida.
Pero en el fondo, ¿sabes?, algo me alegra. Mamá se fue. Muy triste, pero serenamente, sin violencia, te denunció y dejó que la justicia decidiera tu destino. Y otra cosa: nunca tuve que llevar tu nombre ni llamarte papá. Ni saber que otros hijos felices de padres humanos señalaban al mío porque en el barrio todos sabían que tú eres un maltratador. Y como todos ellos, un hombre débil. Una alimaña. Un cabrón.


Nota: Creo que este texto debe estar a la vista de todos,llego a mis manos hace unos dias y mi forma de contribuir a denunciar la violencia de genero existente es publicarlo aqui en mi rincon.(La Gaceta Extremeña de la Educacion)

martes, 3 de marzo de 2009

La Joven Azul

Hay un lugar de rara belleza por el que suelo pasear con mi pequeño amigo de cuatro patas cada tarde, es la cima de una colina árida y desierta donde están las ruinas de un convento solo se conserva en pie parte del arco que antaño seria el portalón de entrada con restos de algo, que en vez de madera parece hueso roído y un banco de piedra gastada por el tiempo donde suelo sentarme, desde aquí veo el pueblo y una panorámica impresionante de las montañas me gusta sentir la paz que se respira, mi perro persigue a los pequeños animales como lagartijas que se esconden entre las piedras provocando sus ladridos de frustración entonces corre a traerme pequeños trofeos que llaman su atención una rama rota para que la lance, o tal vez una piña que usamos como pelota para jugar. Siempre me he preguntado porque siendo un lugar precioso está abandonado, durante nuestros paseos jamás he visto a nadie del pueblo aquí ni en los alrededores, compartiendo unas galletas y un rato de charla con Pedro el pastor, un hombre que diría de la misma edad que las ruinas, que está en todas partes y parece saber todo lo que acontece en la comarca, le pregunté porque no se restauraban las ruinas, como lugar turístico o algo así y me contó la más curiosa historia que he escuchado:
-” No chica este sitio no gusta a la gente del pueblo y tu tampoco deberías pasear por aquí, porque hace muchos, muchos años a mi me contó esto mi padre y siempre insistía que no me acercara a la colina al atardecer, porque aparecía una joven, ella se escapo de su casa envuelta en un mantón sarga azul, se cree que para encontrarse con alguien en el convento quizá un muchacho del que estaba enamorada, nunca nadie supo que pasó. Al atardecer del día siguiente es cuando encontraron un trozo del mantón que reconoció su madre. Desde entonces a esa hora confusa que no se distingue el día de la noche, es cuando se sienta en el banco de piedra, nadie sabe que quiere y porque lo hace, pero la gente de la comarca tiene miedo de ella y no se acercan nunca por aquí.”
No dejaba de pensar si la historia de Pedro daría para uno de mis cuentos mientras iba hacia las ruinas , oía a mi peludo amigo estaba ladrando al banco de piedra y a mi llamada acudió intranquilo y con un trofeo imposible que tengo delante mientras escribo, un trozo de sarga viejo, raido y azul.

domingo, 1 de marzo de 2009

Carta de Amor

Estimada Cristina: Ayer recibí una misiva de tu abogado donde me invitaba a enumerar Los bienes comunes, con el fin de comenzar el proceso de disolución de nuestro Vínculo matrimonial. A continuación te remito dicha lista, para que puedas solicitar la certificación al Notario (...)(...) y tener listos todos los escritos antes de la comparecencia ante el tribunal. Como verás, he dividido la lista en dos partes.Básicamente, un Apartado con las cosas de nuestros cinco años de matrimonio con las que me gustaría quedarme y otra con las que te puedes quedar tú. Para cualquier duda o comentario, ya sabes que puedes llamarme al teléfono de la oficina (de ocho a cuatro) o al móvil (hasta las once) y estaré encantado de repasar la lista contigo.

COSAS QUE DESEO CONSERVAR:
- La carne de gallina que salpicó mis antebrazos cuando te vi por primera vez en la oficina.
- El leve rastro de perfume que quedó flotando en el ascensor una mañana, cuando te bajaste en la segunda planta, y yo aún no me atrevía a dirigirte la palabra.
- El movimiento de cabeza con el que aceptaste mi invitación a cenar.
- La mancha de rimel que dejaste en mi almohada la noche que por fin dormimos juntos.
- La promesa de que yo sería el Único que besaría la constelación de pecas de tu pecho.
- El mordisco que dejé en tu hombro y tuviste que disimular con maquillaje porque tu vestido de novia tenía un escote de palabra de honor.
- Las gotas de lluvia que se enredaron en tu pelo durante nuestra luna de miel en Londres.
- Todas las horas que pasamos mirándonos, besándonos, hablando y tocándonos. (También las horas que pasé simplemente soñando o pensando en ti).

COSAS QUE PUEDES CONSERVAR TÚ:
- Los silencios.
- Aquellos besos tibios y emponzoñados, cuyo ingrediente principal era la rutina.
- El sabor acre de los insultos y reproches.
- La sensación de angustia al estirar la mano por la noche para descubrir que tu lado de la cama estaba vacío.
- Las nauseas que trepaban por mi garganta cada vez que notaba un olor extraño en tu ropa.
- El cosquilleo de mi sangre pudriéndose cada vez que te encerrabas en el baño a hablar por teléfono con él.
- Las lágrimas que me tragué cuando descubrí aquel arañazo ajeno en tu ingle.
- Jorge y Cecilia... Los nombres que nos gustaban para los hijos que nunca llegamos a tener.
Con respecto al resto de objetos que hemos adquirido y compartido durante nuestro matrimonio (el coche, la casa, etc) solo comunicarte que puedes quedártelos todos. Al fin y al cabo sólo son eso:... objetos. Por último, recordarte el n º de teléfono de mi abogado (......) Para que tu letrado pueda contactar con él y ambos se ocupen de presentar el Escrito de divorcio para ratificar nuestro convencimiento.
Afectuosamente,Roberto.

(Ganadora del III Concurso Antonio Villalba de Cartas de Amor)