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martes, 4 de agosto de 2009

El Balance


Volutas de humo gris procedente del cenicero, las paredes llenas de libros y un archivador junto a la puerta enmarcan una mesa de despacho en el centro de la habitación.

El hombre sentado a la mesa rebosante de papeles, las mangas de la camisa desabrochadas, el cenicero lleno de colillas. Gruesas gotas de sudor corren por su frente.

Enciende un cigarrillo mientras revisa por enésima vez el informe que ha preparado, no puede parar de pensar en el hospital, las facturas han sido exorbitantes, lo más importante ahora es que ve a su niña sonreír está de nuevo en casa y no va a perderla por un puñado de dinero.

Mañana debe estar listo, es la reunión mensual del consejo de administración.

¡No sé cómo voy salir de esta!

¡Necesitaba ese dinero y además siempre he tenido intención de devolverlo!

Habla en voz alta a las paredes. Peinando con los dedos su cabello, se siente mal pero mira la pantalla del ordenador, sus dedos corren sobre el teclado a gran velocidad, solo tiene que retocar el balance, tiene que poder hacer frente a esta reunión y el próximo mes estará todo solucionado, podrá devolver el dinero y nadie va a enterarse de lo sucedido. Cuando todo esto pase toda la familia se ira de vacaciones, necesita hablar con ella, se están distanciando, ya no es como antes, la está perdiendo y eso le vuelve loco.

Al otro lado del despacho; una mujer joven acompaña al dormitorio a sus hijos mientras mira con tristeza la puerta. Sube la escalera y se encierra en la habitación con los niños. Piensa que hace mucho tiempo que su marido no es el mismo, desde la enfermedad de la niña ha cambiado, se encierra noche tras noche y apenas le dirige la palabra.

El piensa que necesita una taza de café, un dolor intenso se está apoderando de su cabeza (tendría que haber ido al médico hace días) se dirige a la puerta, la abre y mira el peluche que dejo su hija en la escalera, siente doblarse las piernas, cae sobre él.

Su pensamiento vuela y piensa que no ha dado las buenas noches a su familia, ni siquiera hablo demasiado durante la cena, le cuesta mucho respirar…No tiene el balance terminado para mañana, se van a dar cuenta pero ya solo siente en la mejilla el tacto suave del peluche.

2 comentarios:

  1. Muy bueno. La soledad del hombre en su inmensidad de Padre protector de su familia.

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