
Es un clip de esos pequeños que se usan para sujetar papeles, lo encontró en su bolsillo estaba ahí, desde siempre, suele meter la mano y jugar con el clip cuando siente que está nervioso por algo, ahora es uno de esos momentos, se discute la custodia de su niña.
Sus dedos dan vueltas al clip cada vez más nervioso, cuando oye decir al juez que de la menor tendrá la custodia su madre. Su padre la vera en fines de semana alternos, vacaciones escolares la mitad del tiempo cada uno.
Aprieta fuertemente el clip y siente dolor, se lo ha clavado. ¿Como es posible? ¿En que está pensando este juez? La niña no está bien con su madre, ella no quería tenerla, no hasta que se dio cuenta que con un hijo tenía acceso libre a la fortuna de la familia.
El abogado lo toma por el brazo y trata de hacerle comprender lo dispuesto por el juez. Como un autómata se dirige hacia su coche, conduce sin rumbo, su mente se aleja de la conducción del coche y vuela en el tiempo.
Es el día de su boda, siete años atrás Ana esta preciosa y Javier no ve más que a ella .La conoció en un viaje de negocios durante una cena a la que asistió con su padre y Martin el hombre de confianza de la familia, se enamoro nada más verla y seis meses después estaban allí, iniciando una vida juntos.
Le regalo la casa de sus sueños todo era poco para ella, cuando apenas llevaban un año de casados, llego la carta un sobre azul dirigido a su despacho, a su nombre, donde alguien le explica con pelos y señales que Ana se ve con otro hombre .Tan vulgar como eso, otro hombre.
Recurrió a su hombre de confianza, el que había estado al lado de su padre durante muchos años y ahora estaba con él, Martin podía saber todo, tenía la solución para todo, le enseño la carta y le pidió que se ocupara del asunto.
Javier se marcho con Ana a un crucero de ensueño y tres meses después Ana estaba embarazada.
Desde el primer momento la niña fue suya, su madre no la miraba parecía que con haberla parido estaba todo hecho, empezó a salir, a pasar poco tiempo en casa y nuevamente fue Martin el encargado de averiguar qué pasaba, esta vez no había de que preocuparse, pues Martin le informo que Ana pasaba todo el tiempo en casa de su amiga.
Su amor por Ana se fue minando y su amor por la niña creciendo sin límites, toda la fortuna que heredo a la muerte de su padre y el negocio familiar, todo lo puso a nombre de su hija, el estaría al frente de todo, pero la dueña era la niña, una niña de seis años inmensamente rica. Eso era lo que seguramente perseguía su madre, y seguía sin saber porque, casada con el no le había faltado nada, ni siquiera su amor.
Sin darse cuenta de hacia dónde conducía había llegado a su antigua casa, desde el divorcio era de Ana.
Aparco el coche, quería hablar con ella llegar a un acuerdo para que la niña quedara con él.
Dentro de la casa Ana hablaba con un hombre:
—Solo debes sustituir su coñac por este y estará todo solucionado
— ¿Que has hecho, Ana?
—Nada que no estuviera previsto desde hace años, ¿vas a echarte atrás?
Suena el timbre, el hombre se oculta en la habitación del fondo, Ana abre la puerta.
—Javier…
—Tenemos que hablar
—Está bien, pasa
Ana sirve dos copas de la botella que hay sobre la mesa, con un gesto le ofrece una a Javier y le señala un sillón. El toma la copa y bebe un trago largo se sienta, mira a la que ha sido su esposa hasta hace unos meses, su mano en el bolsillo daba vueltas al clip. Bebe otro trago tratando de encontrar las palabras más adecuadas, cuando siente un fuerte dolor en el pecho. Oye como de lejos a Ana:
—No debiste venir, esto tenía que suceder en tu casa, pero da igual un ataque al corazón puede darle a uno en cualquier lugar y más después de un día como hoy ¿verdad?
—Ana… ¿porqué?
—Porque tu molestas Javier, la niña debe estar con su familia.
¿Que decía? , ¿Que era eso de la familia?
El dolor se hizo mas agudo cuando la comprensión se abrió paso en su cerebro al tiempo que Martin enlazaba por la cintura a Ana.


