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sábado, 9 de enero de 2010

Dudas

—Quizá es que no me quieres.

—Te quiero.

— ¿Cómo lo sabes?

—No lo sé. Lo siento. Lo noto.

Eterna discusión, pero no era en si una discusión, cada día cuando el regresaba del trabajo pasaba lo mismo, Elena es desconfiada y cree que el la engaña. Mario con mucha paciencia intenta siempre convencer a Elena de que la ama. Yo no puedo evitar escuchar lo que dicen, desde el cuarto de planchar les oigo perfectamente hace años que trabajo para ellos y siempre están igual. Siento pena por Mario, en la quiere de verdad, pero esto acabara mal si sigue de esta forma.

—Mirándome a los ojos. ¿No eres capaz de leer en ellos que te quiero de verdad?

Mírame a los ojos. ¿Crees que podría engañarte? Me decepcionas.

— ¿Te decepciono? No será mucho lo que me quieres si te decepcionas por tan poco.

¿Y todavía me preguntas por qué dudo de tu amor?

—Te quiero. ¿Me oyes bien? Te quiero.

—Oh, «te quiero», «te quiero»... Es muy fácil decir «te quiero».

— ¿Qué quieres que haga? ¿Que me mate para demostrártelo?

—No seas melodramático. No me gusta nada ese tono. Pierdes la paciencia

enseguida. Si me quisieras de verdad no la perderías tan fácilmente.

Mario abre la puerta del balcón.

—Yo no pierdo nada. Sólo te pregunto una cosa: ¿qué te demostraría que te quiero?

Es la hora de preparar la cena y voy hacia la cocina, un grito de Elena me hace ir hacia el salón, esta asomada al balcón, se da la vuelta y mirándome dice:

—Quizá es que no me quiere.