
Desde que el tiempo es tiempo, el hombre soñó con volar. Volar ¿Que lo hace tan atractivo para el hombre anclado en el suelo sobre sus dos piernas? ¿Por qué los pájaros lo hacen y los hombres no? ¿Será quizá el comprobar si las nubes se tocan, si de verdad están ahí como pintadas sobre un lienzo azul, o por el contrario la supremacía de alzarse por encima de todo lo que hay sobre la tierra? Sea cual sea la razón, el hombre sueña con volar.
No hablo de coger un avión para que nos lleve rápidamente de un lado a otro, aunque también es volar no deja de parecerse a subir en autobús. No, cuando hablo de volar me refiero a pilotar con tus propias manos uno de esos aparatos, mas grande o más pequeño es toda una experiencia os lo aseguro.
Algunos pilotos me han hablado de su experiencia personal, su viaje hacia el interior más profundo de ellos y es que en un vuelo, el espacio es inmenso y solo te tienes a ti, entonces te atreves a adentrarte en los recovecos de ti mismo y esa experiencia que siempre es única, allá arriba te deja marcas indelebles, te transforma de manera que cuando pisas nuevamente el suelo sientes que en tu interior hay algo que no estaba ahí antes y que es para siempre.
Un joven piloto después de uno de esos vuelos escribió esto:
¡Oh! Me he deslizado sobre los agrestes confines de la tierra,
y he danzado en los cielos sobre risueñas alas de plata:
Hacia el sol he subido para reunirme al regocijo vibrante de las
doradas nubes.
Y he hecho cosas que ni te imaginas: he rodado, he cabalgado
y me he remontado alto en el silencio soleado.
Sosteniendome allá he desafiado al ululante viento,
He volado mi inquieta nave a través de etéreos pasadizos de aire.
Arriba, arriba en el alto azul delirante y luminoso
he rozado con gracia los confines barridos por el viento,
donde ni la alondra ni el águila jamás volaron.
Y, en silencio elevando la mente he invadido la alta e inviolada
Santidad del espacio, y alargando mi mano he tocado la faz de Dios.
Es el poema del Aviador aunque en realidad su autor lo titulo Alto Vuelo, en otro momento les hablare de este piloto, lo que ahora quería compartir es la sensación de volar. Yo les diría que se dirijan a uno de los pequeños aeródromos que hay esparcidos por nuestra geografía cualquier tarde de verano. Hablen con un piloto de los que inevitablemente encontraran allí y pídanle que les lleve a volar, sin prisa al atardecer contemplando cómo se pone el sol…