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jueves, 20 de agosto de 2009

Ser


Todo está quieto el mundo ha muerto, ¿Cómo yo?

mis pies no marcan la arena,

me dejo caer sobre ella ni siquiera suena el rumor del mar,

cierro los ojos soy lo único vivo en medio de este silencio,

quiero fundirme con el entorno para tampoco ser.

Temblorosa caricia de un tímido rayo de sol,

y sucede que el mar entona solo para mí, su dulce canto

Una vez más escapó la muerte, todo es.

domingo, 16 de agosto de 2009

Sin Ti


Yo sin ti, no sé quién soy,

sigo aquí, pero no estoy.

A pesar de lo que digan,

tu sonrisa vuelve a mí,

y al final de esta agonía,

yo sigo estando sin ti.

Es que sin ti amor,

no se vivir,

no sé qué hacer,

ni a donde ir.

Yo sin ti, no sé quién soy,

Sigo aquí, pero me voy,

Y al final de un largo día,

tu recuerdo vuelve a mí.

Y al final de cada noche

Yo me despierto sin ti

Porque sin ti,

no se vivir.

Contigo no pude morir,

solo viviré de tu recuerdo,

que ya es destino para mí.

jueves, 6 de agosto de 2009

Volar al Atardecer


Desde que el tiempo es tiempo, el hombre soñó con volar. Volar ¿Que lo hace tan atractivo para el hombre anclado en el suelo sobre sus dos piernas? ¿Por qué los pájaros lo hacen y los hombres no? ¿Será quizá el comprobar si las nubes se tocan, si de verdad están ahí como pintadas sobre un lienzo azul, o por el contrario la supremacía de alzarse por encima de todo lo que hay sobre la tierra? Sea cual sea la razón, el hombre sueña con volar.

No hablo de coger un avión para que nos lleve rápidamente de un lado a otro, aunque también es volar no deja de parecerse a subir en autobús. No, cuando hablo de volar me refiero a pilotar con tus propias manos uno de esos aparatos, mas grande o más pequeño es toda una experiencia os lo aseguro.

Algunos pilotos me han hablado de su experiencia personal, su viaje hacia el interior más profundo de ellos y es que en un vuelo, el espacio es inmenso y solo te tienes a ti, entonces te atreves a adentrarte en los recovecos de ti mismo y esa experiencia que siempre es única, allá arriba te deja marcas indelebles, te transforma de manera que cuando pisas nuevamente el suelo sientes que en tu interior hay algo que no estaba ahí antes y que es para siempre.

Un joven piloto después de uno de esos vuelos escribió esto:

¡Oh! Me he deslizado sobre los agrestes confines de la tierra,

y he danzado en los cielos sobre risueñas alas de plata:

Hacia el sol he subido para reunirme al regocijo vibrante de las

doradas nubes.

Y he hecho cosas que ni te imaginas: he rodado, he cabalgado

y me he remontado alto en el silencio soleado.

Sosteniendome allá he desafiado al ululante viento,

He volado mi inquieta nave a través de etéreos pasadizos de aire.

Arriba, arriba en el alto azul delirante y luminoso

he rozado con gracia los confines barridos por el viento,

donde ni la alondra ni el águila jamás volaron.

Y, en silencio elevando la mente he invadido la alta e inviolada

Santidad del espacio, y alargando mi mano he tocado la faz de Dios.

Es el poema del Aviador aunque en realidad su autor lo titulo Alto Vuelo, en otro momento les hablare de este piloto, lo que ahora quería compartir es la sensación de volar. Yo les diría que se dirijan a uno de los pequeños aeródromos que hay esparcidos por nuestra geografía cualquier tarde de verano. Hablen con un piloto de los que inevitablemente encontraran allí y pídanle que les lleve a volar, sin prisa al atardecer contemplando cómo se pone el sol…

martes, 4 de agosto de 2009

El Balance


Volutas de humo gris procedente del cenicero, las paredes llenas de libros y un archivador junto a la puerta enmarcan una mesa de despacho en el centro de la habitación.

El hombre sentado a la mesa rebosante de papeles, las mangas de la camisa desabrochadas, el cenicero lleno de colillas. Gruesas gotas de sudor corren por su frente.

Enciende un cigarrillo mientras revisa por enésima vez el informe que ha preparado, no puede parar de pensar en el hospital, las facturas han sido exorbitantes, lo más importante ahora es que ve a su niña sonreír está de nuevo en casa y no va a perderla por un puñado de dinero.

Mañana debe estar listo, es la reunión mensual del consejo de administración.

¡No sé cómo voy salir de esta!

¡Necesitaba ese dinero y además siempre he tenido intención de devolverlo!

Habla en voz alta a las paredes. Peinando con los dedos su cabello, se siente mal pero mira la pantalla del ordenador, sus dedos corren sobre el teclado a gran velocidad, solo tiene que retocar el balance, tiene que poder hacer frente a esta reunión y el próximo mes estará todo solucionado, podrá devolver el dinero y nadie va a enterarse de lo sucedido. Cuando todo esto pase toda la familia se ira de vacaciones, necesita hablar con ella, se están distanciando, ya no es como antes, la está perdiendo y eso le vuelve loco.

Al otro lado del despacho; una mujer joven acompaña al dormitorio a sus hijos mientras mira con tristeza la puerta. Sube la escalera y se encierra en la habitación con los niños. Piensa que hace mucho tiempo que su marido no es el mismo, desde la enfermedad de la niña ha cambiado, se encierra noche tras noche y apenas le dirige la palabra.

El piensa que necesita una taza de café, un dolor intenso se está apoderando de su cabeza (tendría que haber ido al médico hace días) se dirige a la puerta, la abre y mira el peluche que dejo su hija en la escalera, siente doblarse las piernas, cae sobre él.

Su pensamiento vuela y piensa que no ha dado las buenas noches a su familia, ni siquiera hablo demasiado durante la cena, le cuesta mucho respirar…No tiene el balance terminado para mañana, se van a dar cuenta pero ya solo siente en la mejilla el tacto suave del peluche.